Más allá del conflicto armado

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Colombia cuenta con 59 áreas naturales que pertenecen al Sistema de Parques Nacionales Naturales, las cuales ocupan un área de 142,682 Km2 —tres veces el tamaño de Suiza—.  En 26 de las 59 Áreas Protegidas (AP) habitan comunidades indígenas y afrodescendientes.

Pero en estas tres “Suizas” no se vive en armonía (como en la Suiza de los relojes), acá los conflictos sociales, culturales y ambientales son cosa de todos los días.  Ahora que las Farc han abandonado su papel de “Autoridad Ambiental” estos espacios son blanco fácil de economías ilegales: cultivos ilícitos, tráfico de madera, minería ilegal.  A su vez, son áreas codiciadas para el desarrollo de proyectos turísticos privados excluyentes. Lo que se conoce como la Locomotora Turística. Y antes de que me tilden de “castrochavista” o mamerta, términos con los que nos rotulan a todos los que pedimos un poco de dignidad para muchos de nuestros compatriotas, no es que abogue por la eliminación de empresas privadas en estas zonas, sino que dicha actividad propenda por un turismo responsable, sustentable y en armonía con las tradiciones ancestrales.

Combinar formas de asociación con campesinos y comunidades étnicas, que permita el acceso a los turistas nacionales con tarifas hoteleras al alcance de todos.  Por ejemplo, por una nochecita en el Ecohab Tayrona y las Cabañas del Parque Natural Tayrona, señor, señora, usted debe pagar la medio bobadita de 90USD ($254.000) en promedio por persona por noche en un país donde el salario mínimo es de $781.242. Dos noches de hotel y se quedó sin con qué pagar el arriendo. Y sí, sí, también hay zona de camping yo sé, pero es que no todos los mortales queremos dormir abrazados al zancudo, y algunos también queremos un baño donde se pueda evitar la culebra amistosa a media noche. Estamos hablando de territorios que nos pertenecen a todos los colombianos, por lo tanto tenemos el derecho de disfrutar de nuestros Parques Nacionales Naturales.

Es necesario, sin duda, cambiar el modelo turístico de los Parque Naturales e involucrar a la comunidad en un Ecoturismo Comunitario. Campesinos, indígenas y afrodesecendientes quienes son los más perjudicados por el aumento de un turismo irresponsable en donde el objetivo principal es generar divisas. Turistas que, como bien sabemos, son bastante depredadores y, sí como no, dejamos tirada la bolsa de leche y el pañal cagado del pelado.

Pero si para los colombianos de a pie la cosa está jodida ni se diga para quienes habitan dentro de los Parques Naturales. Estas comunidades han sufrido el traslape de sus territorios ancestrales o de colonización con los límites de las AP.  Por ejemplo, según la página de PNN,  en el Parque Nacional Natural Serranía de los Churumbelo Auka Wasi (compartido por los departamentos de Caquetá, Cauca, Huila, y Putumayo) el Resguardo Indígena Yanacona de Villa María de Anamú se traslapa en un 65,7% con el Parque.  En este caso específico no sólo confluye el conflicto por el uso, ocupación y tenencia del territorio, sino que también la nación Yanacocna, cuyo territorio está en el departamento del Cauca, ha pasado por un proceso de desterritorialización, entendida esta como la perdida de los linderos territoriales que se han creado a partir de códigos culturales históricos. Como se mencionó unos párrafos arriba, 26 de las 59 áreas protegidas se superponen con resguardos indígenas o territorios indígenas, algunas de manera total, otras parcial y otras en superposiciones múltiples. Ahí está el cuentico ese  que la tierra en Colombia es de los indios.

Pero el problema no para allí, en las zonas delimitadas como Parques Nacionales Naturales el conflicto ambiental es tal vez el que más preocupa a los guardianes tradicionales de estas zonas (debería preocuparnos a todos). Son múltiples los casos en que en áreas protegidas se desarrollan proyectos mineros.  Para citar uno reciente, de acuerdo con la denuncia realizada en redes sociales por Luis Ernesto Gómez, en un estremecedor video en el que muestra cómo en el Alto Putumayo, donde nacen los ríos que surten la cuenca hidrográfica de la Amazonía Colombiana fueron otorgadas, en el gobierno de Álvaro Uribe (nada personal mera coincidencia),  a la AngloAmerican hoy Mocoa Ventures, varias concesiones mineras que afectarían 25.000 hectáreas de bosque tropical húmedo en territorio de los Resguardos de Kamentsá e Inga del Valle del Sibundoy. Corren riesgo los ríos que, no solo son agua, sino todo un sistema ecológico donde conviven animales, plantas y seres humanos.

Como bien lo dijo Mr. Murphy (no Eddie, sino el de las leyes), todo es susceptible de empeorar. Y pues en el país del “Sagrado Corazón” sabemos que todo siempre empeora. Ahora viene el turno para los campesinos que vivían en estos territorios antes de ser declarados Áreas Protegidas. Según César Jerez, vocero de la Asociación de Zonas de Reserva Campesina, para Contagio Radio (http://www.contagioradio.com/41449-articulo-41449) el principal conflicto se presenta porque los campesinos deben certificar que son los legítimos dueños de las tierras, para evitar su desalojo o reubicación. En un país donde el 50% de los predios rurales no están titulados, a los campesinos que viven en estas zonas se les exige demostrar su derecho de propiedad como condición de permanencia en el territorio. ¡Hágame el favor!

Así que no celebremos mucho cuando el Presidente de turno comunique la creación o ampliación de una zona protegida. Pensemos primero en las comunidades que por años han vivido allí, y que a partir del momento de la constitución del Parque verán afectadas sus dinámicas diarias, su herencia cultural y su permanencia en el territorio. Si bien es necesario preservar los ecosistemas, no puede ser a costa del bienestar de la población. Luego pensemos en los cientos de miles de hectáreas que pueden ser estropeadas por un turismo irresponsable de vocación mercantil, en las licencias mineras adjudicadas antes de la declaratoria, en las economías legales e ilegales que aparecen con el beneplácito de los políticos locales. Recordemos el ecocidio que aun en zonas protegidas puede presentarse. Y por último, pensemos en que si no tenemos un millón de pesos para el fin de semana lo más probable es que conozcamos los Parques Nacionales Naturales en folletos de las agencias de viajes.

*Fotografía tomada de El Colombiano.

http://www.elcolombiano.com/historico/parques_nacionales_protegen_el_75_de_las_lagunas_y_cienagas-KBEC_178552

 

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