La «cultura» como elemento constitutivo de la desigualdad

Compartir

Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres.

Rosa Luxemburgo

El pasado lunes 11 de septiembre de 2017, antes de iniciar a escribir este documento oí en Caracol que durante el fin de semana fueron asesinadas cuatro mujeres en Cali (Caracol Radio, 2017).  La cifra no deja menos que producirme dolor, rabia e impotencia. A junio de este año se han presentado 48 muertes violentas en la ciudad (El Tiempo, 2017). Sin duda alguna es un tema que no solo concierne a la administración pública, sino a todos los habitantes de la ciudad.

De acuerdo con Naciones Unidas la violencia contra la mujer se define como «todo acto de violencia de género que resulte, o pueda tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada» (Organización Mundial de la Salud, 2017a).

                                                      https://iberomagazine.com/2017/11/02/violencia-la-mujer/

En este artículo pretendemos reflexionar sobre la relación que existe entre violencias basadas en género y “cultura”. Pensando la “cultura” desde dos supuestos clásicos «la concepción de que el comportamiento humano es regulado y recurrente» y que estas «regulaciones y recurrencias son aprendidas por los individuos, esto es, que se derivan de las enseñanzas que una generación trasmite a las siguientes.» (Restrepo, 2012: 25).

Asimismo, pretendemos comprender la violencia hacia las mujeres desde una perspectiva del concepto “cultura” como «una serie de fenómenos que son diferentes de otra serie de fenómenos dentro del mismo grupo.» (Wallerstein, 1999: 165). Esta definición de “cultura” a la que Wallerstein denomina como uso II hace referencia a las jerarquiaciones o clasificaciones dentro de un mismo grupo. Por ejemplo, en el caso que nos ocupa podríamos hablar de las diferencias entre hombres y mujeres dentro de un “grupo” al que denomiaríamos “habitantes de la ciudad de Cali”. Por otra parte, el uso I del término «cultura» definido por el autor es «la serie de características que distinguen a un grupo de otro.» (Wallerstein, 1999: 165). Para el presente texto nos centraremos en el uso II del concepto “cultura”.

Ahora bien, si pretendemos clasificar a la población en dos “grupos” hombres y mujeres es necesario aclarar a qué nos referimos cuando hablamos de grupo, puesto que al igual que “cultura”, el cual es un término confuso dentro del léxico de las ciencias sociales, “grupo” es un término indeterminado (Wallerstein, 1999). De acuerdo con Wallerstein un “grupo” es una clasificación taxonómica en la que se organizan las entidades de acuerdo a características comunes. Sin embrago, no todos los miembros del grupo se comportan de manera homogénea, si mucho «podemos sostener que hay una relación estadística significativa entre la “pertenencia” al grupo y un determinado comportamiento o preferencias de valores, o lo que sea.» (Wallerstein, 1999: 166).

De acuerdo con el Informe epidemiológico de violencia intrafamiliar, violencia contra la mujer, violencia sexual de la Secretaría de Salud de Santiago de Cali, durante el año 2015 se presentaron 4.833 casos de violencia intrafamiliar, de los cuales 832 (17%) correspondieron al “grupo” de hombres y 4.001 (83%)  al “grupo” mujeres. Se podría desglosar el análisis taxonómico de los “grupos” en cuanto a edad, etnia o tipo de Seguridad Social, pero sería tema para otro documento. Por el momento solo trataremos de entender el porqué de la gran diferencia entre los dos “grupos” de nuestro análisis.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) menciona como algunas causas de violencia contra la mujer:  «un bajo nivel de instrucción, el hecho de haber estado expuesto a escenas de violencia entre los progenitores, el maltrato durante la infancia, actitudes de aceptación de la violencia y las desigualdades de género.» (Organización Mundial de la Salud, 2017b).

En lo que concierne a la violencia contra la mujer, -especialmente la ejercida por su pareja y la violencia sexual- el fin último que pretende conseguir el maltratador no es ocasionar unas determinadas lesiones, lo que realmente busca es « “aleccionar” a la mujer, para que quede de forma expresa y clara que él es el que mantiene la autoridad en la relación, y determinar la situación que a ella le corresponde, que no es otra que la subordinación y sumisión a este hombre.»(Garcia & Yugueros, 2014).

De tal forma que la mujer quede sometida a los deseos del hombre, al estar controlada por él, «le tiene que dar cuenta de sus actividades en el momento que considere conveniente.» (Garcia & Yugueros, 2014). El hombre lo que pretende es  mantener a la mujer bajo su control, «venciendo su resistencia y quitándole poder, para lograr su sumisión y la dependencia psicológica» (Garcia & Yugueros, 2014), de forma que la violencia se convierte en un recurso de dominación,  porque produce «pánico, parálisis o daños, según su intensidad» (Bonino, 1999; Berbel, 2004) citado en (Garcia & Yugueros, 2014).

Siguiendo a Galtung (2003) citado en (Garcia & Yugueros, 2014) la violencia de género, especialmente aquella que se da en la relaciones de pareja, se la denomina violencia estructural. Concepto acuñado por Galtung, en el que se reconoce una “triple dimensión de la violencia: directa, estructural y cultural.” (Garcia & Yugueros, 2014).

                                                                          Imagen tomada de (Concha, 2009)

La violencia directa es visible, la que es evidente a los sentidos, manifestada de manera física, verbal o psicológica. La violencia estructural es característica de los sistemas sociales y de gobiernos que dirigen los estados. Y y por último la violencia cultural, denominada también simbólica, está sustentada por valores culturales tradicionales de muy distintos ámbitos: ciencias, religión, ideologías, entre otros. (Garcia & Yugueros, 2014).

Retomando el caso que nos ocupa, la violencia física hacia las mujeres en la ciudad de Santiago de Cali durante el año 2015 correspondió al 49%, mientras que la violencia sexual fue del 21%. El cuerpo como el primer “territorio” que habitamos y que nos corresponde por derecho propio, tanto a hombres como a mujeres, en los casos de violencias basadas en género es el primer agredido. De acuerdo con (Escobar, 2015) «El “territorio” es el espacio —al mismo tiempo biofísico y epistémico— donde la vida se enactúa de acuerdo a una ontología particular, donde la vida se hace “mundo”.»  «Enactuar» es una castellanización del verbo ingles «to enact» que, de acuerdo con el diccionario Cambridge, en una de sus acepciones, significa representar un papel o rol en una obra (Cambridge Dictionary, s. f.). Si lo trasladamos a nuestro tema de reflexión ¿Cuál sería la construcción cognitiva del mundo desde un cuerpo que ha sido agredido y violentado?, ¿Cómo imagina este «territorio» enactuar con un mundo construido de manera hostil? y, ¿Cual la “ontología particular” que se podrá elaborar?

De los hechos violentos mencionados anteriormente, en  el 20% de los casos el perpetrador fue el esposo, el 12% el compañero permanente. (Solano, 2015). Como vimos unos párrafos adelante,  el 83% de los casos de violencia intrafamiliar fue ejercida sobre las mujeres, lo cual nos hace pensar que existe un componente cultural que condiciona este tipo de violencias. Para nadie es un secreto que la sociedad colombiana en términos generales es heteropatriarcal  además de “blanca”; lo que conduce a una exacerbación de las violencias no solo basadas en género, sino también aquellas violencias racializadas.

La «cultura» como autoimagen del sistema mundo – moderno capitalista se ha  construido, en parte, al crear el concepto “cultura” (uso II) que justifica las desigualdades del sistema (Wallerstein, 1999). Desigualdades que se construyen en múltiples escenarios, uno de ellos el racismo – sexismo. La desigualdad en los ingresos se convierte no en «una instancia del racismo – sexismo, sino más bien en la norma universal de compensación de la eficiencia»(Wallerstein, 1999: 179).  Vemos acá un factor importante de inequidad que ocasiona que las mujeres en Cali (y en el mundo) se encuentren en condiciones económicas asimétricas, lo cual conlleva a uno de los tipos de violencia estipulada en la Ley 1257 de 2008: Violencia Económica. La Violencia Económica «se manifiesta a través del control y limitación de ingreso económico, así como la percepción de un salario menor por igual trabajo, dentro del mismo lugar de trabajo» (Alcaldía de Santiago de Cali, 2015).

Asimismo, siguiendo con el racismo – sexismo como característica de sistema mundo – moderno capitalista, Wallerstein sostiene que «los negros y las mujeres reciben una paga menor porque trabajan menos, merecen menos. Y trabajan menos porque hay algo, tal vez no en su biología pero sí en su cultura, que les enseña valores que están en conflicto con el ethos  de trabajo mundial.»  Esto nos lleva a interrogarnos si las mujeres negras y afrodescenientes en la ciudad de Cali trabajan menos y ganan menos, si esto fuese así ¿Cuáles son las razones que llevan a esta discriminación sexual y racial?  En cuanto a violencias basadas en género, el  10%  de las mujeres que reportaron en 2015 agresiones se autodefinieron como negras o afrocolombianas (Solano, 2015). Vale la pena recordar que la población afrodescendiente en la ciudad es de 605.845 personas, que corresponde  al 26,2% de la población total de la ciudad (Secretaría de Bienestar Social Alcaldía de Santiago de Cali, s. f.).

Ahora bien, si la “cultura” como dice (Restrepo, 2012) corresponde a un comportamiento humano «regulado y recurrente»  y dichas regulaciones y recurrencias son aprendidas por los individuos y se transmiten de generación en generación, podríamos aventurarnos a concluir, de manera preliminar,  que las violencias basadas en género han sido trasmitidas desde tiempo atrás como parte de una sociedad patriarcal que legitima la desigualdad y la inequidad de género por un lado, y de “raza” por otro. Un Estado nación que se erigió desde sus inicios como “blanco”, que ha expulsado a la periferia a  todas aquellas elaboraciones culturales que no encajan dentro del modelo heteropatriarcal hegemónico.

Si no transformamos los imaginarios, si no trabajamos todos unidos como sociedad en modificar los conceptos pre-construidos históricamente sobre las mujeres, si no reconocemos la igualdad entre géneros que se nos confiere como seres humanos y como está estipulado en múltiples Declaraciones, Leyes y Normas,  tal vez nunca cese la violencia hacia las mujeres. Debemos concientizarnos de la gravedad del asunto. Se pierden vidas humanas, se destruyen familias, se rompen sueños e ilusiones, se condena a la mujer y a sus hijos a vivir en condiciones de pobreza, se le niega el derecho a vivir una sexualidad plena y libre. Es momento de tomar acciones y  decir con la mirada alta y la voz fuerte “Ni una menos”.

 

 

 

Bibliografía

 

Alcaldía de Santiago de Cali. (2015). Portafolio Casa Matria la casa de las mujeres.

Cambridge Dictionary. (s. f.). Enact Significado en el diccionario Cambridge inglés. Recuperado 16 de septiembre de 2017, a partir de http://dictionary.cambridge.org/es/diccionario/ingles/enact

Caracol Radio. (2017). Caracol Radio. Recuperado 12 de septiembre de 2017, a partir de http://www.cali.gov.co/bienestar/publicaciones/131926/hogar-de-acogida/

Concha, P. C. (2009). Teoría de confl ictos de Johan Galtung. Revista paz y conflictos, 2, 60-81.

El Tiempo. (2017). Asesinatos de mujeres en el Valle en el 2017 – Cali – Colombia – ELTIEMPO.COM. Recuperado 12 de septiembre de 2017, a partir de http://www.eltiempo.com/colombia/cali/asesinatos-de-mujeres-en-el-valle-en-el-2017-119660

Escobar, A. (2015). Territorios de diferencia: la ontología política de los «derechos al territorio». Desenvolvimento e Meio Ambiente, 35, 89-100. http://doi.org/10.5380/dma.v35i0.43541

Garcia, J., & Yugueros, A. (2014). La Violencia Contra Las Mujeres: Conceptos Y Causas. BARATARIA Revista Castellano-Manchega de Ciencias Sociales No, 18(1), 147-159. Recuperado a partir de http://www.redalyc.org/pdf/3221/322132553010.pdf

Organización Mundial de la Salud. (2017a). OMS | Violencia contra la mujer. WHO. Recuperado a partir de http://www.who.int/topics/gender_based_violence/es/

Organización Mundial de la Salud. (2017b). OMS | Violencia contra la mujer. WHO. Recuperado a partir de http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs239/es/

Restrepo, E. (2012). Interveciones en teoría cultural.

Secretaría de Bienestar Social Alcaldía de Santiago de Cali. (s. f.). Cali, segunda ciudad con mayor población afrodescendiente en el país. Recuperado 16 de septiembre de 2017, a partir de http://www.cali.gov.co/bienestar/publicaciones/51642/cali_segunda_ciudad_con_mayor_poblacin_afrodescendiente_en_el_pas/

Solano, E. P. (2015). Informe epidemiológico de violencia intrafamiliar, violencia contra la mujer, violencia sexual.

Wallerstein, I. (1999). La cultura como campo de batalla ideológico del sistema mundo-moderno. En Pensar (en) los intersticios. Teoría y práctica de la crítica poscolonial (pp. 163-204).

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *